es
20260703073342_2.jpg 20260703073342_3.jpg 20260703073342_4.jpg 20260703073342_5.jpg 20260703073342_6.jpg
20260703073342_7.jpg 20260703073342_8.jpg 20260703073342_9.jpg 20260703073342_10.jpg 20260703073342_11.jpg

LAE126

VIVIENDA COLECTIVA TJ

Emplazamiento: Asunción - Paraguay

Fecha de finalización:06-12-2024

Tipo de obra: Vivienda

DATOS DEL EQUIPO

Autor/es: Luis Alberto Elgue Sandoval y Cecilia Román Alvarenga

Promotor/es, cliente/es: Particular

Equipos técnicos: Colaboradoras arquitectura: Arq. María José Sánchez Arq. Ysapy Silguero Arq. Isabel Sosa Arq. Paz Echauri Arq. Diana Castelnovo Equipo Técnico Ing. Carlos Peña - calculista Ing. Manuel Díaz - calculista

Empresa constructora: Elgue y asociados. Arquitectos

Créditos fotográficos: Elgue y asociados. Arquitectos

ARCHIVOS

Panel de la propuesta: Descarga el panel (pdf)

MEMORIA

” Yo he llegado a las encrucijadas de mi vida y siempre conocí cuál era el camino correcto, sin ninguna excepción, lo juro, pero jamás lo seguí. ¿Saben por qué? Porque era demasiado duro” (Discurso del coronel Frank Slade, Scent of a Woman, 1992). La arquitectura en su dimensión más estricta siempre desafía a aceptar el reto de ser o mirar al costado. El proyecto se implanta en un entorno duro, sometido al abandono público, con la calle como vertedero, aguas servidas y un tejido social fragmentado por traficantes y consumidores, un entorno alejado del orden de Kevin Lynch y más cerca del realismo sucio de Bukowsky. En este contexto, la respuesta arquitectónica convencional suele ser la segregación: murallas ciegas, vallados eléctricos y la negación absoluta del espacio público. Frente a esta realidad, nos preguntamos: ¿hasta qué punto un edificio puede incidir en el cambio conductual en un lugar de la ciudad? Abordamos el proyecto desde la transversalidad disciplinar, apelando a la sociología sobre el impacto transformador de la arquitectura y trabajando con la teoría de los espejos rotos de Wilson y Kelling, (1) pero en sentido inverso. Con un presupuesto acotado, se reutiliza una construcción existente, abandonada y rapiñada, transformándola en viviendas económicas para un mercado no tradicional. La arquitectura se plantea a partir de dos elementos constitutivos. Primero, el ladrillo común como recurso tecnológico y económico, operando como transmisor de un mensaje de permanencia y oficio frente a la precariedad, e incorporando como mano de obra a actores sociales en situación de riesgo del propio lugar. Segundo, la vegetación como recurso mitigador de elementos agresivos (basura, olores, ruidos) y como aparato de sanación urbana. El proyecto renuncia a la muralla y propone un límite poroso. El conjunto se concibe como una transición entre un exterior hostil y un interior aspiracional, abandonando su pretensión de objeto autónomo para convertirse en un dispositivo de resistencia. Aquí, el límite no es una línea de exclusión, sino una 'soldadura' que intenta sanar la fractura entre el individuo y su derecho a una ciudad digna. Entendemos que, en contextos de vulnerabilidad, el diseño es ante todo un acto político y social. Frente a la arquitectura de la sospecha, el borde se convierte en un manto vegetal que coloniza el edificio. No es paisajismo; es infraestructura de "alimentación y encuentro", una arquitectura que se puede comer, oler y sentir. Esto rompe con la visión de la vivienda social como caja de supervivencia, elevándola a un espacio de soberanía alimentaria donde el ocupante se compromete al cuidado de la vegetación comestible. Este manto vegetal tridimensional se sostiene en unas tensoestructuras de caños metálicos y cabos de acero que mediante la tracción y la compresión se mantienen firmes para desaparecen con el tiempo bajo la ocupación verde. Las aberturas, rejas y el 80% de los cristales templados fueron reutilizados, como una declaración política sobre la necesidad de recirculación y la memoria de los materiales. Ambientalmente, el edificio se nutre de ventilación cruzada y espacios intermedios, mientras que, en planta alta, la caja cerámica es atravesada por una cumbrera de luz natural como medida del tiempo. Es una hipótesis construida donde solo el tiempo verificará los resultados. Estamos convencidos del rol de la arquitectura como promotora de equidad social; si no somos capaces de atravesar los muros que todos los días construimos entre unos y otros como sociedad, somos absolutamente prescindibles. (1) La “teoría de las ventanas rotas" sugiere que la acumulación de pequeños problemas, como ventanas rotas o basura en la calle, puede generar un efecto dominó, llevando a un deterioro mayor del entorno y a un aumento de la delincuencia.

<